La naturaleza tiene muchas formas diferentes para mostrar su belleza. Un árbol se convierte sorprendentemente bello cuando la escarcha se congela formando unas guirnaldas blancas sobre las ramas. La nieve decora el árbol cómo proporcionándole un elegante vestido de invierno. En esta pintura, un abedul se convierte en el protagonista de la obra con un cielo de color rosa en el fondo. Las nubes rosadas se van difuminando en el cielo conforme cogen altura. Algunas hierbas secas aún asoman entre la nieve porque la gruesa manta de nieve todavía no ha cubierto totalmente el paisaje.
La nieve no siempre es blanca.
Es fascinante la cantidad de tonos que puede tener la nieve. Dependiendo de la luz, las sombras van desde tonos de rosa, púrpura a azul hasta casi negro. Para aquellos que nunca han visto la nieve, es fácil creer que la nieve siempre es blanca, pero no es así. El color del cielo también se refleja en la superficie de la nieve. A veces es difícil imaginar que un paisaje de invierno se pueda convertir en colores verdosos unos meses más tarde. Las estaciones siempre me han fascinado. Puedes encontrar la obra en la galerí, en la categoría «Laponia, invierno».

